
La Capilla de Nuestra Señora de Aranzazú, situada a unos pasos del Templo de San Francisco de Asís, es considerada la máxima joya del barroco en Jalisco y uno de los pocos tesoros que conservan sus retablos originales. Construida en el siglo XVIII, esta pequeña joya arquitectónica destaca por su sobria fachada de cantera que resguarda un interior deslumbrante, donde tres imponentes retablos de madera tallada y dorada en hoja de oro representan la cumbre del estilo churrigueresco. Su atmósfera íntima, su riqueza ornamental y su valor histórico como parte del antiguo conjunto franciscano la convierten en una parada imprescindible para admirar el esplendor artístico de la época virreinal en Guadalajara.