
La Escultura de Luis Barragán, ubicada en la Plaza Tapatía de Guadalajara, es un elegante homenaje en bronce al arquitecto tapatío más universal y el único mexicano en recibir el Premio Pritzker. La obra lo retrata con una postura serena y contemplativa, evocando la sensibilidad y el misticismo que caracterizaron su estilo arquitectónico, el cual revolucionó el modernismo mediante el uso magistral de la luz, el color y los espacios íntimos. Situada en este corredor cultural, la pieza reconoce su legado como un poeta del espacio que supo elevar la tradición mexicana a un lenguaje estético global, recordándolo como el visionario que transformó la arquitectura en una experiencia espiritual y sensorial.