
La Parroquia de San Felipe Neri es una de las muestras más exquisitas del barroco tardío y la transición al neoclásico en Guadalajara, destacando por su imponente verticalidad y la elegancia de su cantera. Construida originalmente en el siglo XVIII por la Congregación del Oratorio, el templo es famoso por su magnífica torre, considerada por muchos expertos como una de las más bellas y mejor proporcionadas de la ciudad gracias a su delicada ornamentación y sus líneas esbeltas que parecen elevarse sin esfuerzo sobre el paisaje urbano. Su fachada, de un estilo barroco más sobrio y contenido que el de Santa Mónica, refleja la madurez arquitectónica de la Nueva Galicia antes de la llegada de las corrientes académicas europeas.
El interior del recinto es una galería de arte sacro que resguarda catorce óleos de gran formato atribuidos al célebre pintor novohispano Miguel Cabrera, los cuales narran pasajes de la vida de San Felipe Neri con una maestría técnica excepcional. Además, el templo es depositario de una profunda devoción popular hacia la imagen del "Señor del Rayo", una figura de Cristo que sobrevivió milagrosamente a un incendio provocado por una descarga eléctrica en el siglo XIX, convirtiéndose en un símbolo de protección para los tapatíos. Situada cerca del Paseo Alcalde, esta parroquia no solo es un refugio de paz y silencio, sino un pilar fundamental del patrimonio artístico que otorga a Guadalajara su carácter de capital cultural y espiritual.