
La Plaza de la Liberación se extiende hacia el oriente para dar lugar a la Plaza Fundadores, un espacio de profundo significado histórico que marca el sitio exacto donde se fundó definitivamente Guadalajara el 14 de febrero de 1542. Este rincón del centro histórico rinde tributo a los 63 peninsulares que, junto a sus familias y bajo el mando de Cristóbal de Oñate, decidieron establecerse en el Valle de Atemajac tras tres intentos fallidos en otras regiones. El monumento central es un imponente relieve en bronce, obra del escultor Rafael Zamarripa, que retrata con dinamismo el acto fundacional y los rostros de quienes dieron origen a la ciudad, capturando el espíritu de determinación que define a la sociedad tapatía.
Ubicada justo detrás del Teatro Degollado, la plaza sirve como un nexo entre la majestuosidad neoclásica y la zona de instituciones educativas y judiciales. En sus muros laterales se encuentran grabados los nombres de las familias fundadoras, permitiendo que los descendientes y visitantes conecten con sus raíces de manera tangible. Con su diseño sobrio y sus fuentes que refrescan el entorno, la Plaza Fundadores no es solo un sitio de paso, sino un santuario cívico que invita a la reflexión sobre el origen de la metrópoli, integrándose armónicamente al Paseo Alcalde como el punto de partida cronológico de la gran historia de Guadalajara.