
El Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe es una de las obras más emblemáticas de la fe y el urbanismo en Guadalajara, estrechamente ligada a la visión humanista de Fray Antonio Alcalde. Su construcción comenzó en 1777, impulsada y financiada por el propio "Fraile de la Calavera", quien deseaba dotar a los barrios del norte de la ciudad de un templo majestuoso dedicado a la Virgen del Tepeyac. El diseño, de un estilo neoclásico temprano con sutiles toques barrocos, presenta una fachada de cantera amarilla con dos torres que, aunque más bajas que las de la Catedral, guardan una proporción y elegancia que definen el perfil del antiguo barrio del Santuario.
El interior del templo es un espacio de luz y sobriedad donde destaca el retablo principal que resguarda la imagen de la Guadalupana. Sin embargo, el valor del Santuario trasciende lo religioso; fue el motor de desarrollo para el norte de la ciudad, ya que Alcalde mandó construir alrededor de él "las cuadritas", el primer proyecto de vivienda social en América, destinado a familias de escasos recursos. Hoy en día, el Santuario es el punto culminante del Paseo Alcalde, manteniéndose como un centro de fervor popular y una joya arquitectónica que testimonia la profunda huella de caridad y planeación urbana que el Obispo Alcalde dejó en su querida Guadalajara.